EL HOMBRe en un mundo cambiante

1

EL HOMBRE EN LA ERA DE LA INTEGRACIÓN GLOBAL

​¿Qué aprenderás en la lección 1?

1.1 Tiempo de cambios: ¿Cómo sobrevivir en una sociedad inestable?

1.2 El mundo moderno es un sistema integral

1.3 Leyes para la vida en un mundo donde todos estamos interconectados con todos

  • Resumen

  • Preguntas sobre el material estudiado 

  • Temas para el diálogo circular
     

De día en día vemos cómo nos resulta cada vez más difícil adaptarnos a los cambios tumultuosos que están invadiendo nuestro «espacio personal», a menudo, no de la manera más agradable. Cada vez es más difícil navegar entre flujos de información que nos hablan de una variedad de eventos, pero no dan una imagen real de lo que está sucediendo. Mucha gente no entiende cómo comportarse, qué reglas seguir y, sobre todo, no sabe qué esperar del futuro. 
Especialmente ahora, tras la aparición de la epidemia de COVID-19, estamos ante una situación incierta y compleja. Es el primer golpe que afecta a la humanidad en su totalidad y nos hace plantearnos –como individuos y como sociedad– la cuestión de cómo seguir viviendo. De eso hablaremos en la primera lección.

CURSO

EL HOMBRE EN UN MUNDO CAMBIANTE

Contenido

 

1. TIEMPO DE CAMBIOS: ¿CÓMO SOBREVIVIR EN UNA SOCIEDAD INESTABLE?

 

Seguramente, la mayoría de nosotros no querría cambiar nada y seguir viviendo como antes, esperando y deseando que lleguen tiempos mejores. 

 

Sin embargo, hay también un número significativo de personas tratando de encontrar nuevas soluciones. Lo más frecuente es que esto ocurra de forma espontánea e inconsciente, debido a una presión de las circunstancias y bajo la influencia de los estereotipos imperantes: el culto al dinero, el consumo, el desarrollo de la carrera profesional. 

 

¿Y cuáles son los resultados? En general, no suelen ser muy halagüeños.

 

¿PODEMOS HACER HISTORIA?

 

Desde el punto de vista de los científicos modernos, en los momentos de crisis –puntos de inflexión– la sociedad, al perder estabilidad, se vuelve extremadamente sensible a cambios que, a primera vista, pueden parecer insignificantes. 

 

Por eso, el curso de los acontecimientos depende, en gran medida del comportamiento, los ideales, los objetivos de vida y la visión de futuro de los individuos; todo esto crea pequeñas pero muy importantes transformaciones en la historia. 

 

Las acciones de cada uno de nosotros pueden desempeñar un papel crucial en el curso de los acontecimientos futuros: podemos «ayudar» al futuro, trabajar a favor de él, acelerar su llegada y facilitar la transición a una nueva sociedad. O, por el contrario, erigir obstáculos, aumentar la gravedad de las crisis y elevar el nivel de privación en una sociedad.

 

Algunos investigadores sostienen que el mundo puede cambiar con que tan solo el 10% de la población introduzca nuevas ideas, creencias y comportamientos en su vida cotidiana.

1

1

 Los investigadores del Instituto Politécnico Rensselir (EE.UU.) utilizaron métodos computacionales y analíticos para determinar el momento crucial en que las creencias minoritarias se convierten en la opinión mayoritaria. Los resultados de la investigación se publicaron en 2011 en el sitio web de la revista Physical Review E en un artículo titulado «Cohesión social construida por una minoría convencida de sus puntos de vista». http://psyfactor.org/news/sciense54.htm.

Una buena elección del curso que tomarán nuestras vidas tiene, por lo tanto, una verdadera importancia histórica. Ahora bien, lo que es correcto, rentable y posible para nosotros hoy, desde un punto de vista futuro, puede ser un completo sinsentido e incluso dañino. 

 

¿Cómo podemos entonces encontrar la posición correcta que nos permita no solo sobrevivir en un mundo turbulento sino también contribuir a su transformación?

 

En primer lugar, esto requiere una comprensión de lo que está sucediendo: qué es lo que está muriendo y qué es lo que está naciendo. 

 

Asimismo debemos comprender por qué la estructura social anterior ya no se justifica y qué cambios son necesarios para hacer viable nuestra civilización.

2. EL MUNDO MODERNO ES UN SISTEMA INTEGRAL

 

Las palabras «interconexión», «interacción», «influencia mutua», «integración» son claves en nuestra época. 

 

Representan los procesos más importantes que están teniendo lugar en el mundo: todos los países y todos los pueblos del mundo son ahora parte de un gran sistema. Estos procesos son también denominados con el término «globalización».

 

Un sistema es un todo compuesto por muchos elementos que mantienen una cierta relación y están conectados entre sí.

 

Integración (del latín integrum: conjunto; del latín integratio: formación, reposición) es un proceso de acercamiento mutuo, de unificación. Cuando los elementos (partes) se entremezclan y forman interconexiones entre ellos.

 

A lo largo de los milenios, numerosas naciones, estados y civilizaciones han vivido de forma relativamente independiente. Las relaciones comerciales y los contactos culturales han desempeñado, por supuesto, un papel importante en el desarrollo humano. Pero, en el pasado, cualquier sociedad podía, en principio, existir sin necesidad de vínculos estrechos ni con sus vecinos cercanos, ni con países remotos.

 

Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos del siglo XX han cambiado completamente esta situación.

 

Los resultados de las crecientes interrelaciones e intercambios entre países y continentes son claramente visibles en la vida diaria del hombre moderno. Electrodomésticos, coches, ropa, muebles, alimentos...etc. Es decir, la mayor parte de lo que estamos acostumbrados a utilizar, se produce en diferentes partes del mundo: Japón, China, Alemania, Sudáfrica, la India o Estados Unidos… y un largo etc. 

 

En las calles, los comercios o en los lugares de trabajo, estamos cada vez más expuestos a otras culturas y civilizaciones, y tenemos que superar las diferencias y aprender a interactuar con ellas, a dialogar, a tratar de comprenderlas, independientemente de nuestro deseo o falta de voluntad de entrar en contacto con los «foráneos».

 

«El mundo es cada vez más holístico, cada parte del mundo está cada vez más integrada, y el mundo en su conjunto está cada vez más representado en cada una de sus partes».

     

(E. Moren, filósofo francés contemporáneo)

 

EL MUNDO SE VUELVE PEQUEÑO

 

Somos más de 7.000 millones los habitantes de la Tierra. Sin embargo, el mundo es un lugar pequeño e interconectado.

 

Cada persona está separada de cualquier otra por solo seis personas. Este descubrimiento fue realizado en 1967 por Stanley Milgram, un sociólogo de la Universidad de Harvard que llevó a cabo un inusual experimento. Se enviaron sesenta cartas a personas seleccionadas al azar de diferentes ciudades de los Estados Unidos. Debían enviar estas cartas a sus conocidos, para que, finalmente, pudieran ser enviadas a un hombre en Boston que ninguno de ellos conocía. Aunque no llevaban ninguna dirección y cada carta tuvo que ser echada al buzón un promedio de 5,5 veces, la mayoría de las cartas llegaron a su destino. Pasado un tiempo, el experimento se repitió –ya a nivel internacional– con correos electrónicos. El resultado fue el mismo. Cualquier persona, no importaba donde viviera, estaba conectada a cualquier otra por una cadena de solo seis de sus conocidos.


 

INTERDEPENDENCIA UNIVERSAL

 

La consecuencia lógica de la creciente integración es un aumento sin precedentes de la interdependencia como nunca antes se ha visto en la historia de la humanidad. Este proceso es la tendencia principal en nuestros tiempos y cada vez es más evidente en prácticamente todas las áreas de la vida. Esto es así especialmente en situaciones extraordinarias: cuando hay guerras, crisis económicas, desastres naturales o pandemias. Hoy en día, no importa en qué lugar del mundo ocurra algo, porque la pregunta que surge para todos es: «¿Cómo nos afectará?».

 

La interdependencia es una relación en la que ninguna de las partes puede prescindir de la otra y todas las partes tienen un efecto unas sobre otras.

 

Los diferentes tipos de interdependencia entre los países se complementan con una más: toda la humanidad depende en su conjunto de la naturaleza. A pesar de los grandes avances en ciencia y tecnología, la naturaleza sigue siendo muy clara y contundente –a menudo con consecuencias trágicas para nosotros– demostrando su prevalencia sobre el hombre.

 

La relación entre el hombre y su entorno nunca ha sido perfecta. Desde tiempos ancestrales, los humanos han quemado grandes extensiones de bosque, exterminado especies enteras de animales y extenuado el suelo. Pero esos desastres eran de naturaleza local y tenían consecuencias limitadas, no amenazaban a toda la biosfera o a toda la humanidad como lo hacen ahora. En el siglo XX, los medios técnicos y el deseo de «conquistar» la naturaleza y ponerla a nuestro servicio han aumentado, hasta el punto de hacer posible cambiarlo todo: desde el clima al código genético.

 

El impacto del hombre sobre la naturaleza ha aumentado inconmensurablemente y, con ello, la posibilidad de perjudicarla: tanto agotando sus recursos como interfiriendo rudamente en los muy complejos y desconocidos procesos naturales de los que depende la vida en la Tierra. Las consecuencias de todo ello son los numerosos desastres naturales, el calentamiento global, la falta de recursos y la contaminación, entre otras.

 

«En una era de civilización avanzada que ha llegado a (...) dar a las personas la libertad de elegir el poder liberarse de su dependencia de la naturaleza, surge una nueva dependencia mundial, global: la dependencia de los riesgos. Ante ella, las elecciones individuales no tienen poder, aunque solo sea porque las sustancias nocivas y venenosas del mundo industrial están entremezcladas en el proceso elemental de la vida».

                                                                         

 (U. Beck, La sociedad del riesgo)

 

La humanidad, al entrar en un mundo complejo de interconexiones e interdependencia mundial, aún no tiene un conocimiento completo de las leyes de este mundo. Actuamos al azar, casi ciegamente, usando el método de ensayo y error. Y a menudo el resultado es una amarga experiencia. Sin embargo, estas experiencias brindan la oportunidad de sacar algunas conclusiones importantes y de comprender algunas de las leyes que dicta la nueva era.


 

3. LEYES PARA LA VIDA EN UN MUNDO DONDE TODOS ESTAMOS INTERCONECTADOS CON TODOS

 

Ley #1: Es imposible ser completamente independiente.

 

Las relaciones en el mundo moderno se han vuelto tan estrechas que es imposible romperlas y «autoaislarse» construyendo un muro entre un determinado país y el mundo exterior. Algunos países conservan más autonomía y otros menos, pero ninguno es completamente independiente.

 

Consideremos esta regla en el ejemplo de la economía. Hoy en día casi todos los países del mundo son económicamente dependientes unos de otros. Están interesados en exportar (una importante fuente de ingresos) y, a la vez, necesitan traer bienes de importación. 

 

No hay un solo país que pueda proveerse de todo lo necesario para mantener su industria. Los productos más corrientes están compuestos de materiales que provienen de todo el mundo. Mientras que en el pasado las relaciones económicas exteriores eran principalmente un complemento para la economía nacional, ahora están plenamente integradas en la vida económica de cualquier país, es decir, no es posible prescindir de ellas.

 

Ley #2: Lo que suceda en un punto del planeta puede afectarnos a todos.

 

Nuestra interdependencia a nivel mundial nos hace vulnerables. Cada vez se desdibujan más las diferencias entre lo local y lo planetario. Y ningún estado puede proteger completamente a su población de las influencias adversas externas.

 

Es imposible protegerse de una lluvia ácida, de los huracanes, de los desechos radiactivos que se vierten al océano o, como hemos podido comprobar recientemente, de un virus. No hay fronteras estatales que puedan detenerlo. 

 

Nuestro bienestar ahora depende no solo de nosotros mismos y de nuestras políticas, sino también de lo que suceda en otros países, a veces muy lejanos. Por eso, los científicos suelen comparar el mundo moderno con una tela de araña o con una red: una piedra lanzada en cualquier lugar causará que las ondas se extiendan por toda la superficie.

 

Ley #3:  Nadie puede conseguirlo solo.

 

En efecto, ningún país –ni siquiera el más rico, poderoso o con la tecnología más avanzada– puede resolver problemas globales circunscribiéndose a su propio territorio. 

 

Además de las pandemias, son diversos los problemas de tipo global que nos conciernen a todos y de los cuales hablaremos más adelante. Lo cierto es que todos ellos requieren esfuerzos conjuntos y acuerdos de toda la comunidad mundial.

 

Los problemas de tipo global son un conjunto de problemas vitales interrelacionados entre sí y de los cuales depende la existencia de la humanidad en su conjunto así como la de cada individuo en cualquier parte del globo.

 

Por tanto, los estados modernos, lo quieran o no, se enfrentan a la necesidad de trabajar y cooperar juntos. 


 

Ley #4: Nuestras acciones pueden conllevar resultados impredecibles.

 

Los miles de millones de personas que viven en nuestro mundo realizan numerosas acciones cada día sin pensar en absoluto en sus consecuencias. Ahora bien, en un mundo interconectado, incluso las pequeñas acciones tienen efectos inesperados, resultados que son completamente contrarios a nuestras expectativas y, a veces, pueden resultar en desastre. 

 

Por cierto: dichos efectos pueden manifestarse en un lugar muy lejano y no de forma inmediata, sino muchos años después.

El efecto mariposa: pequeños cambios en un punto del globo pueden producir, bajo circunstancias especiales, cambios mucho más grandes en otro lugar y en otro momento.

Por ejemplo, el siglo pasado, en Spitsbergen, una isla del Ártico, los osos polares comenzaron a morir súbitamente a pesar de estar bajo un programa de protección para preservar su población. Finalmente se reveló que todo era debido a una infracción aparentemente insignificante de las normas de seguridad ambiental en América: una empresa a orillas del Misisipi vertía en pequeñas cantidades bifenilo, una sustancia tóxica que afecta a la fertilidad. Esta sustancia se acumulaba en el plancton con el que se alimentaban los cangrejos de río, los peces, etc. Y su concentración aumentaba constantemente. Al final de la larga cadena alimenticia estaban los osos polares.

El efecto dominó: cualquier cambio insignificante conlleva una serie de otros cambios cuya fuerza va en aumento.

Tomemos como ejemplo el trágico destino del Mar de Aral. En 1960, el gobierno soviético decidió ampliar la producción de algodón en la zona del Mar de Aral y comenzó a construir instalaciones de riego en el valle del río que desemboca en el mar. Estas acciones, en apariencia razonables, provocaron una cadena de trágicos eventos. El nivel del mar ha disminuido casi 1/3 y su extensión se ha reducido a la mitad. Las granjas pesqueras quedaron situadas muy lejos del agua y miles de personas perdieron su empleo. 

 

Por otro lado, el agotamiento de los recursos hídricos dio lugar a la salinización del suelo y a la contaminación por plaguicidas. La salud de la población comenzó a deteriorarse bruscamente. Empezaron a producirse cambios en el clima: las nevadas aumentaron, las temperaturas del verano subieron, comenzaron las sequías y la desertización. Y la producción de algodón, que tanto habían deseado aumentar, cayó bruscamente.

Una situación similar se produjo en Norteamérica. Los agricultores comenzaron a usar fertilizantes químicos (herbicidas) en grandes cantidades sobre las praderas. Esto destrozó los sauces, que servían de alimento para el jabalí. Los castores abandonaron el río, donde los niveles de agua se mantenían elevados gracias a las presas construidas por estos animales. Las presas se derrumbaron, el río se hizo poco profundo, los peces murieron. Y para colmo, cayeron los niveles del agua subterránea y las ricas praderas anegadizas, por las que todo había comenzado, se secaron y perdieron todo su valor.

Ley #5: Muchos culpables y todos saldrán escarmentados.

 

Cuanto más aumentan la interconexión y la interdependencia, más difícil es determinar quién es el autor concreto de una desgracia. ¿Quién es exactamente responsable de la contaminación del suelo con pesticidas? ¿Los agricultores que usan fertilizantes químicos? ¿Las agencias de publicidad que promueven el uso de este producto nocivo? ¿Las compañías productoras de fertilizantes? ¿Los científicos que los crean? ¿Las organizaciones que conceden las patentes y licencias?

 

Veamos otro ejemplo: la «expansión» de las armas nucleares. ¿Quién es responsable de esta situación que amenaza la vida en el planeta? ¿Los países que las compran? ¿Los traficantes internacionales de armas? ¿Las personas responsables de custodiar las armas y evitar su robo ilegal? ¿O los países por los que transitan estas mercancías peligrosas?
 

Es imposible responder a estas preguntas porque muchos de ellos son más o menos, directa o indirectamente cómplices del delito. Pero, por desgracia, a día de hoy, el resultado de la complicidad universal es principalmente la irresponsabilidad universal. 

 

«Cada uno es causa y efecto, y por lo tanto, no es causa. Las razones de esto están en la interdependencia general (...) es posible hacer algo durante mucho tiempo sin que haya una responsabilidad personal». 

 

(U. Beck)

 

Sin embargo, esto no significa que uno pueda evadir las consecuencias. Estas no solo vendrán a raíz de aplicar la legislación vigente a la cual estamos acostumbrados, sino que esas consecuencias vendrán también de la propia «red», del mundo interconectado. El efecto bumerán se ha revelado de forma muy clara en los últimos tiempos. 

El efecto bumerán: el mal hecho, tarde o temprano, regresa por sí solo y afecta a aquellos que lo provocaron o se beneficiaron de él.

El problema es que no solo sufren los principales perpetradores, sino también los que son culpables indirectamente así como los que no son culpables en absoluto.

 

Por ejemplo, los países ricos suelen trasladar sus empresas más contaminantes a países en desarrollo: les parece más rentable que gastar grandes sumas de dinero y hacer que sean respetuosas con el medio ambiente. Pero, después de un tiempo, el daño es devuelto en forma de frutas y verduras tropicales envenenadas con plomo y pesticidas. Y estos productos llegan a la mesa no solo de los propietarios de esas empresas contaminantes, sino también a la mesas de los demás.
 

EN RESUMEN

 

A modo de resumen, podemos enumerar las siguientes conclusiones:

  • Si queremos vivir bien en un mundo estrechamente interconectado, es necesario un grado muy alto de solidaridad, coherencia y responsabilidad mutua.

  • Cualquier decisión debe tener en cuenta los intereses de todos y calcular todas las posibles repercusiones.

  • Estos principios deben ser neurálgicos tanto para cada individuo como para todos los países del mundo. 

  • Solo entonces los estrechos vínculos, la interdependencia que hemos desarrollado, revelarán enormes e inagotables posibilidades para la humanidad. Es decir, las reglas que hemos enumerado «funcionarán en sentido positivo». De lo contrario, solo veremos las consecuencias negativas, como sucede en la actualidad.

¿Pero por qué no podemos lograr la solidaridad? ¿Cómo podemos alcanzarla? Debatiremos estas cuestiones en los siguientes párrafos.

PREGUNTAS SOBRE EL MATERIAL ESTUDIADO

1.  ¿En qué ámbitos de la sociedad se manifiesta la interconexión mundial de manera más visible?

2. ¿Cuáles son los resultados de esa interconexión e interdependencia mundial?

3. ¿Qué es lo que, en tu opinión, impide a la gente moderna actuar según las nuevas reglas del mundo integrado global? ¿En qué se diferencian estas normas de las normas de comportamiento a las que estamos acostumbrados?

TEMAS PARA EL DIÁLOGO CIRCULAR

Descubre lo enriquecedor del Diálogo Circular, en este caso profundizando en el tema que acabamos de leer. Si no sabes qué es un Diálogo Circular, te invitamos a que lo descubras aquí.

 

Realiza el diálogo con tu familia o amigos, también puedes llenar el formulario de abajo para participar en un diálogo organizado por nosotros y conocer a otras personas que están haciendo el curso.

1. ¿Cómo está conectada la vida de cada uno de nosotros con el destino de toda la humanidad?

 

2. ¿Puede utilizarse la interdependencia mundial de manera que beneficie a toda la humanidad?

Nombre

Email

© 2019 InCírculo

  • Negro Facebook Icono
  • Negro del icono de Instagram
  • Icono negro Pinterest
  • Negro del icono de YouTube