No hay paz sin diversidad


Siempre ha habido enfrentamientos en la humanidad. Entre países, entre el Norte y el Sur, entre regímenes e ideologías. Hoy, el choque es más profundo. Es un choque de naciones que no están dispuestas a aceptarse mutuamente tal como son y quieren dominar a otras. Pero, aún estamos a tiempo de rescatar al mundo del caos en el que se está sumiendo si comprendemos el valor de la diversidad. Para construir una sociedad global que viva en paz, necesitamos apreciar la diversidad. Si buscamos la conexión por encima de las diferencias, podremos construir una sociedad que se fortalezca a medida que se vuelve más diversa.

La historia de la evolución nos muestra que solo sobreviven los opuestos que se complementan. Desde el nivel atómico hasta las estructuras más complejas del universo, todo está formado por opuestos que colaboran para crear una estructura fuerte, donde un elemento compensa lo que el elemento opuesto no tiene. Por eso, si destruyes a tu oponente, también te destruyes a ti mismo.

El mundo no existiría si no fuera por el equilibrio entre los opuestos que se complementan y compensan las “carencias” del otro.

Mientras mantengamos la actitud de «solo yo tengo razón», el mundo seguirá deteriorándose. No importa quién tenga razón ya que ese enfoque de no incluir a todas las partes, de creer que uno está en exclusiva posesión de la verdad sin tener en cuenta al contrario, destruye la existencia propia.

Pensemos en «día» sin «noche», «amor» sin «odio», «primavera» sin «otoño» o «bondad» sin «crueldad». Ninguno de los términos «positivos» existiría sin su opuesto «negativo». Asimismo, el mundo no existiría si no fuera por el equilibrio entre los opuestos que se complementan y compensan las «carencias» del otro.

No importa quién tenga razón ya que ese enfoque de no incluir a todas las partes, de creer que uno está en exclusiva posesión de la verdad sin tener en cuenta al contrario, destruye la existencia propia.

La gravísima situación que ahora atraviesa el mundo puede ser una oportunidad para aceptar la idea de que solo complementándonos y abrazando a nuestros oponentes podremos prosperar todos. Las crecientes tensiones políticas nos hacen prestar atención a la racionalidad y el sentido común, y estos nos dicen que una guerra total sería el final no para unos o para otros, sino para todos nosotros. Esperemos y pidamos que triunfe la razón.


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