No será un invierno cualquiera


Pensábamos que todo volvería a ser como antes. Pero no. Pensábamos que, al levantarse las restricciones, podríamos volver a lo de siempre: trabajo, rutina diaria, cena por la noche con los amigos, vacaciones todos juntos, vuelta al cole, celebrar la gran fiesta de cumpleaños, sentarnos juntos en el parque y tomar algo… Esos eran nuestros planes. Pero ya nos lo están diciendo las autoridades sanitarias: las cosas no van bien.


El verano llega a su fin, y pronto volveremos a tener entre nosotros ese aire fresco que tanto le gusta a los virus. Es posible que tengamos que volver a pasar mucho tiempo dentro de casa, pero ahora con una situación laboral más incierta que hace unos meses, con muchos hogares –desgraciadamente– en una situación económica desesperada, con un deterioro de los servicios públicos, con mayores niveles de ansiedad entre la población y con más probabilidades de que estallen conflictos.

«Por muy oscuro que parezca el futuro, siempre tenemos la posibilidad de intentar cambiarlo»

En definitiva, todo apunta a que este no será un invierno cualquiera. Puede llegar a ser uno especialmente duro. O no. Porque, por muy oscuro que parezca el futuro, siempre tenemos la posibilidad de intentar cambiarlo. No a base de parches económicos que solo funcionarán a corto plazo – y a veces ni siquiera– sino con una revolución dentro de cada uno de nosotros y en el conjunto de la sociedad.

¿Estamos dispuestos a que nadie se quede atrás? Porque esa es la clave, incluir a todos los miembros de la sociedad en ese anhelo. También a aquellos que no piensan igual que yo, que tienen otros colores políticos y ven la vida de otro modo. De hecho, lo único que deberíamos dejar atrás es el odio que nos separa.

«Al final, sembrando el odio solo recolectamos más odio. Y esa cosecha no servirá para llenar nuestras despensas este invierno»

Porque, en estos momentos, cuanto más odiemos al bando contrario, cuanto más ataques lancemos al que piensa de forma distinta, más unidos nos sentimos con nuestros «correligionarios». Más se fortalece nuestro vínculo. Ese odio que nos une frente a otros parece que nos despierta, nos enciende, es como un combustible para seguir en medio de toda la caótica realidad. Es algo a lo que me puedo agarrar. Pero, al final, sembrando el odio solo recolectamos más odio.


Y esa cosecha no servirá para llenar nuestras despensas este invierno.

«¿Qué hacen los animales cuando se desata un fuego en el bosque? Se ayudan mutuamente y escapan juntos»

Es natural que los opuestos no se gusten entre sí y no sientan ninguna afinidad. Llegar a la cooperación y el afecto entre dos posturas encontradas es siempre un trabajo duro. Pero precisamente por eso, se puede decir que es la única forma de querer que se elige por propia voluntad: cuando no suprimes tus opiniones ni tampoco el rechazo y decides subir por encima de todo ello para tender tu mano al contrario.


Superar el odio. Y, aunque sigamos siendo opuestos, ser capaces de remar juntos en la misma dirección. ¿Qué hacen los animales cuando se desata un fuego en el bosque? El lobo y el zorro huyen junto con la liebre y la ardilla. Se ayudan mutuamente y escapan juntos. Nosotros también podemos conectarnos por encima de lo que nos separa y dejar que ese calor prenda en nuestro interior. Es la única calefacción que nos permitirá superar el invierno que se aproxima.


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