¿Puede la ciencia mejorar nuestras vidas?



En las últimas dos décadas se han publicado varios estudios que refutan gran parte de lo que creíamos saber sobre cómo se fecundan los óvulos humanos en el útero. Resulta que el óvulo no es pasivo en absoluto, sino que parece «elegir» el espermatozoide que finalmente entrará en él y le dará sus cromosomas.

Además, el espermatozoide más fuerte y rápido no es necesariamente el que fecunda al óvulo. Al parecer los espermatozoides se mueven en grupos para «ayudarse» unos a otros a través del entorno ácido que crea el óvulo a su alrededor, y hay otras revelaciones que la ciencia desconocía hasta ahora.

En realidad, todo «hecho» científico debe ir acompañado de un asterisco que diga: «hasta que se demuestre lo contrario»

Hay mucho más que no sabemos y que nos queda por aprender y, en un futuro, los revolucionarios hallazgos de hoy serán refutados y darán paso a nuevos descubrimientos que, a su vez, serán nuevamente rechazados años más tarde. En realidad, todo «hecho» científico debe ir acompañado de un asterisco que diga: «hasta que se demuestre lo contrario». La verdad parece ser tan esquiva como la sombra: una vez que la luz se enciende, se desvanece.

La ciencia puede mejorar o empeorar nuestra vida. Pero, para que mejore nuestra vida, nosotros mismos tendríamos que ser mejores.

Actualmente, utilizamos la ciencia casi exclusivamente para ganar dinero, explotar y controlar a los demás. Los descubrimientos que hacemos, incluso en temas como la concepción, tienen como único objetivo beneficiar a las empresas e instituciones que llevan a cabo la investigación. Ahora bien, si deseamos que esto cambie, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar.

Nuestro actual enfoque egoísta está perjudicándonos e impide que nos relacionemos adecuadamente con el sistema interconectado en el que habitamos.

Es como cuando observamos una máquina: cada pieza es importante para su funcionamiento general, pero si una pieza decide actuar de forma independiente, todo el conjunto deja de funcionar. Y si ese es el estado en el que nos encontramos, ¿podemos sacar conclusiones correctas de nuestras observaciones?

Formamos parte de un sistema interconectado donde dependemos unos de otros y todo parece empujarnos a trabajar juntos

Hasta ahora nos hemos centrado únicamente en nosotros mismos viéndonos como entidades separadas. Sin embargo, formamos parte de un sistema interconectado donde dependemos unos de otros y todo parece empujarnos a trabajar juntos, en contra de nuestra voluntad. Conscientemente o no, mantenemos entre nosotros vínculos en los que la prosperidad de un elemento, en realidad, garantiza la prosperidad de todos los demás.

Solo podemos entender cada elemento en el contexto de su función y del lugar que ocupa en el conjunto del sistema interconectado en el que habita. Nosotros también formamos parte de un sistema como una pieza más del mismo, y debemos encontrar la función y la posición que nos corresponde dentro del conjunto para que todas las partes se beneficien.

Hasta que no lo comprendamos, no entenderemos completamente el mundo que nos rodea ni ninguna de las partes que lo integran, incluidos nosotros mismos.

Sin una perspectiva que englobe a todo el conjunto, desconocemos el impacto de las «acciones» en el marco general

Así como es imposible entender el corazón a menos que veamos cómo funciona en un organismo vivo, no podremos entender ningún elemento antes de verlo funcionar en el marco del sistema al que pertenece. Del mismo modo, sin una perspectiva que englobe a todo el conjunto, desconocemos el impacto de las «acciones» en el marco general.

Cuando comencemos a trabajar juntos y a tener en cuenta el beneficio de todos, empezaremos a comprender verdaderamente la realidad en la que existimos. Entonces la ciencia hará descubrimientos que perdurarán y servirán para mejorar nuestras vidas.


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