Un billete solo de ida


No todos están de acuerdo en cómo hemos gestionado esta crisis, pero algo en lo que todos coinciden es que las repercusiones que traerá el coronavirus será algo nunca visto en la historia de nuestra civilización.


Se abre ante nosotros una nueva etapa en la que deberíamos aceptar que difícilmente volveremos a la «normalidad» tal como la conocíamos. Y es algo que deberíamos asumir cuanto antes si queremos ahorrarnos más aflicciones innecesarias. Vivimos una situación similar a la de un tren que, tal vez sin que nos hayamos dado cuenta, ha salido de la estación con un billete solamente de ida y no hay vuelta atrás: está de camino hacia otra parada y no se detendrá hasta llegar al nuevo destino.

"Vivimos una situación similar a la de un tren que ha salido de la estación, está de camino hacia otra parada y no se detendrá hasta llegar al nuevo destino".

Durante este parón impuesto nos hemos dado cuenta de algunas cosas. Por ejemplo, que algunas ocupaciones no eran tan necesarias. Algunos negocios volverán, pero otros no lo harán dado que no son indispensables. Por eso, invertir dinero público en ellos sin hacer esta reflexión seguramente no sea la mejor idea.


Ahora bien, los gobiernos no deberían permitir que ningún ciudadano se quede atrás y, por consiguiente, deberían declarar una «economía de emergencia» con la que proveer de las necesidades básicas a cada uno y esperar hasta que pase lo más fuerte de este temporal para que, con tiempo y perspectiva, sea posible decidir qué industrias y negocios vamos a conservar siempre cuando sean de utilidad para la sociedad.


Otro asombroso cambio que hemos presenciado es el cambio en la naturaleza, cómo se ha renovado rápidamente desde el momento en que nos retiramos a nuestras «madrigueras» ya que no nos permiten salir de ellas. La naturaleza vuelve a ocupar los espacios que le habíamos arrebatado. Nos muestra la evidencia de que hemos hecho demasiado daño a nuestro alrededor y que no podemos seguir así.


Entonces, ahora que muchos gobiernos se plantean una vuelta escalonada a las actividades previas a esta crisis, ¿nos hemos parado a pensar si hemos aprendido algo durante el confinamiento al que nos ha obligado este virus?


¿Vamos a volver a las andadas para que la naturaleza tenga que enviarnos una réplica más contundente?


¿O vamos proponernos dejar de explotar todos los componentes de la realidad en beneficio propio y tomar solo lo necesario sin causar desequilibrios al sistema general?

Ahora que muchos gobiernos se plantean una vuelta escalonada a las actividades previas ¿vamos a volver a las andadas para que la naturaleza tenga que enviarnos una réplica más contundente?

Ningún componente de la naturaleza se equivoca salvo el hombre, que es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. O tres veces, o infinitas. Nuestras relaciones –basadas en la competitividad despiadada y la indiferencia hacia el medio ambiente y los seres humanos– nos han traído dolor, mala calidad de vida y enfermedades en mucha mayor proporción que el coronavirus.


Ahora la naturaleza nos detiene pero no es sin un propósito: nos hemos visto obligados a parar el consumismo desenfrenado y tenemos tiempo para preguntarnos qué nos ha aportado y quién ha ganado con todo ello. Alguien ha debido ganar, pero ciertamente no nosotros.


Por todo ello, estamos inmersos en un viaje sin igual, viviendo el ocaso de una era y el nacimiento de otra. Un momento único en nuestra historia en el que comenzar a trabajar juntos en unas nuevas relaciones que sean beneficiosas para los seres humanos y, por extensión, para todos los componentes de la naturaleza.


Evitemos regresar a esa estación llamada «tropezar dos veces con la misma piedra». Partamos juntos hacia nuevo y mejor destino en el tren de la humanidad.



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