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¿Vamos desencaminados con el cambio climático?


Artículos científicos de reciente publicación afirman que los aerosoles que contaminan el aire, también lo enfrían y mitigan el efecto invernadero. Por otro lado, las erupciones volcánicas que emiten CO2 y otros gases que calientan la atmósfera, también emiten cenizas que bloquean los rayos del sol y, por lo tanto, enfrían el aire.

Los aerosoles que contaminan el aire, también lo enfrían y mitigan el efecto invernadero

A la luz de estos descubrimientos, surgen las siguientes preguntas: ¿Cómo enfrentarnos entonces al cambio climático? Si limpiamos el aire, ¿calentamos el planeta? ¿Es mejor seguir contaminando el aire para enfriarlo? ¿O tratamos de limpiarlo reduciendo las emisiones de CO2 para que no se acelere el calentamiento del aire?


Si estas preguntas nos parecen irresolubles, es porque lo son. Tal vez porque el objetivo es «curar» los síntomas más que la enfermedad. Y eso en medicina no funciona, como tampoco funciona en el caso del clima.

El objetivo es «curar» los síntomas más que la enfermedad. Y eso en medicina no funciona, como tampoco funciona en el caso del clima

Lo suyo es llegar al origen de la «enfermedad», y esta radica en la conducta humana. Entre seres humanos competimos por explotar rápida y eficientemente los recursos del planeta, ignorando por completo que, actuando así, estamos cortando la rama sobre la que nos encontramos sentados.


Si queremos resolver la crisis del cambio climático, deberíamos tomar conciencia de que se trata de un asunto que nos perjudica a todos, y acto seguido determinar conjuntamente cuáles deberían ser nuestras prioridades, decidiendo qué es realmente necesario para todos y qué no.


Lo cierto es que deberíamos aprender a vivir con lo necesario para nuestra existencia, tal y como hacen todos los seres en la naturaleza. Si no aprendemos esto por voluntad propia, la naturaleza nos obligará a aprenderlo mediante desastres naturales, y será un proceso mucho más difícil.

Deberíamos aprender a vivir con lo necesario para nuestra existencia, tal y como hacen todos los seres en la naturaleza

Este cambio en nuestra forma de actuar, no solo solucionaría la crisis climática, sino que pondría fin a todos los problemas que asolan el mundo: la escasez de alimentos y agua, la inflación galopante, los virus que se propagan sin control, la rotura en la cadena de suministros, etc.


Vivimos en un mundo interconectado y todo acaba afectando a todos. Y no habrá nada que podamos hacer para solucionar estas crisis si cada uno trata de salvarse individualmente en lugar de intentar encontrar soluciones en conjunto. Si lográramos pensar colectivamente, encontraríamos soluciones a todos los problemas, porque no son problemas de contaminación ni de inflación ni de ningún otro tipo: son problemas que tienen que ver con nuestras relaciones humanas y con el entorno.


Cuando cambiemos de actitud y seamos más solidarios unos con otros, sin abusar ni sobreexplotar los recursos de todos, veremos que, incluso recortando la producción, tendríamos más que suficiente para satisfacer nuestras necesidades. Si dejáramos de competir entre nosotros, no habría motivo para agotar este planeta. Y como consecuencia, se reduciría la contaminación así como nuestro impacto negativo sobre la Tierra.


La conclusión es que no tenemos que preocuparnos por reducir la contaminación: tenemos que preocuparnos por mejorar nuestras relaciones y crear vínculos de cooperación entre seres humanos. Nuevos vínculos que nos permitan vivir juntos en armonía y equilibrio.


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