Cuando los hijos se van de casa


Desde el momento en que nacen nuestros hijos, invertimos todo lo que podemos en ellos, sabiendo que llegará el día en que se independizarán. Esta transición puede ser difícil para la familia, ya que no siempre se sabe cuál es la mejor manera de continuar la relación con los hijos que se han ido de casa.


¿Cómo deberíamos prepararnos de cara a esta etapa para mantener a la familia conectada?


Desde la infancia, conviene establecer con los niños el hábito de cumplir con los horarios de regreso a casa y enseñarles que, ante cualquier inconveniente, deben avisar y ponerse en contacto con nosotros. Así, les iremos inculcando desde pequeños la buena costumbre de mantener ese contacto familiar y de este modo, cuando llegue el momento en que salgan de casa, lo valorarán.

Y cuando finalmente llegue el día de salir de casa, nuestra tarea debería ser brindarles una sensación de confianza y seguridad en que pueden valerse por sí mismos

En general, el momento de independizarse en la vida adulta es algo que necesitamos preparar durante años. Esa independencia se construye estableciendo una atmósfera donde los niños aprendan a sentirse responsables, maduros y donde funcionen como si ya realmente estuvieran viviendo en su propia casa, aunque todavía estén con nosotros. Y cuando finalmente llegue el día de salir de casa, nuestra tarea debería ser brindarles una sensación de confianza y seguridad en que pueden valerse por sí mismos. Siempre estaremos ahí para apoyarlos, pero la responsabilidad a partir de ahora recae sobre ellos.


Todo aquel que haya crecido en un hogar con un ambiente excesivamente protector, en el que todo se le ha dado hecho, tendrá dificultades para acostumbrarse a ser independiente. Debido a esta sobreprotección, estas personas quedan como impedidas y les cuesta más organizar las tareas cotidianas, tienen dificultades en las relaciones con los demás o a la hora de formar una familia propia. De hecho, si proporcionamos este tipo de crianza a nuestros hijos, más adelante sentirán que no están preparados para tomar las riendas de su vida cuando tengan que irse de casa.


Y si esa fuera la situación ¿qué es lo que se puede hacer?. Siéntate con tus hijos y escribe una especie de hoja de ruta para la vida, lo más detallada posible, que contenga supuestos y sus consecuencias, qué hacer cuando las cosas sucedan de cierta manera, cómo lidiar con las dificultades que probablemente encontrarán en la vida y cómo reaccionar cuando surgen ciertos tipos de problemas. Todo lo que no haya sido absorbido por la mente y el corazón durante sus años de infancia debe ahora reflejarse por escrito.

Nosotros, como padres, también debemos prepararnos para afrontar y adaptarnos a la nueva situación de nido vacío

Nosotros, como padres, también debemos prepararnos para afrontar y adaptarnos a la nueva situación de nido vacío. A lo mejor nos sorprenden con un alejamiento o incluso rompiendo el contacto. Entonces, tal vez nos sintamos heridos y nos planteemos si los hemos educado bien, si hemos trabajado correctamente la reciprocidad en las relaciones o si les hemos proporcionado buenos ejemplos de preocupación por los demás.


Una vez que hayamos hecho frente a los déficits en la crianza y a nuestra sensación de nido vacío, habría que intentar mantener un contacto diario con ellos para sentir cómo están, si necesitan algo, y ofrecerles ayuda o consejo. De ese modo, poco a poco, vamos fomentando un hábito de comunicación entre nosotros.


En pocas palabras, es ley natural de vida que, cuando nuestros hijos crezcan, se independicen y comiencen una nueva vida por su cuenta. Lo que tenemos que tener siempre presente es que nuestra labor es darles una sensación de seguridad, orientación para su vida futura y que tengan la certeza de que los apoyaremos pase lo que pase. Debe haber una clara garantía de que, aunque se vayan de nuestra casa, siempre estarán en nuestro corazón y nosotros en el de ellos.


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