Los aplausos del Coronavirus


Estos días de encierro y dificultad también han sacado a relucir pequeñas historias hermosas y entrañables. La verdad es que la mayoría tienen que ver con la necesidad del ser humano de unirse y sentir a sus semejantes.


Concierto de Armónica


Esta semana he pensado mucho en las personas que no pueden salir de casa durante todo el año por su edad o salud y en sus cuidadores que, aun estando sanos, viven pegados a ellos protegiéndolos y acompañándolos.

El viernes, cuando todos los vecinos se asomaron a sus ventanas y balcones a aplaudir a los guerreros que están luchando en esta batalla, apareció ese señor tan entrañable con su mujer. Tiene alzhéimer.

Él sacó su armónica y se puso a tocar mientras todo nuestro barrio aplaudía.

Su mujer sonreía y lo animaba a continuar. Seguramente le decía que todos los vecinos nos habíamos asomado a ver su concierto y aplaudirle.

Se notaba su concentración y, cuando terminó el pequeño concierto, se inclinó como hacen los artistas y nos saludó, envió un beso y después, también aplaudió.

Ese día los aplausos duraron más. Creo que fue feliz.


Concierto de piano


Tenemos una vecina que toca el piano. Todas las tardes abre las puertas de su balcón y suenan melodías de grandes compositores.

Normalmente uno pasa por debajo de su casa y apenas se da cuenda de la música por los ruidos de los coches, motos, guaguas, peatones.

Estos días de silencio absoluto, abre las puertas a las siete, vestida y arreglada como si fuera a tocar para el más grande de los auditorios y durante una hora deleita a sus vecinos.

Todos sacan sus sillas al balcón o se asoman a las ventanas y disfrutan del concierto diario.

Ella lo ha calculado bien para que una hora más tarde, cuando termine el concierto, sus vecinos no se olviden de aplaudir a los que con tanto esfuerzo nos están protegiendo.

Ya todos se visten y arreglan a esa hora para asistir al auditorio y escuchar a la que para ellos es la más grande de las artistas.

Su barrio también la aplaude a ella por unirlos y hacerles disfrutar durante una hora todas las tardes.


Cumpleaños feliz


Mi cumpleaños cayó justo en medio de este confinamiento.

Cuando mi sobrina de ocho años me llamó para felicitarme, me preguntó qué me habían regalado.

Yo le conté: «Pues este año me han hecho el regalo más bonito de mi vida».

Ella se quedó asombrada, no se lo esperaba ya que todos estamos en nuestras casas y poco se puede hacer y menos comprar.

Me preguntó: «¿Y qué es?»

Yo le contesté, toda España ha salido a las ventanas a aplaudirme, ha sido emocionante.

La oí reírse a carcajadas por el teléfono y me dijo: «Leti, eso no era para ti, jajajajaja».




Leticia Castellano

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