El engañoso mundo de la publicidad


Incluso antes de que la Covid-19 se propagara como un incendio forestal por el mundo, ya se cernía sobre nosotros una recesión. Y a pesar de la cortina de humo creada por el constante bombardeo de los anuncios publicitarios a través de los medios, todos podíamos sentir que nos dirigíamos hacia una crisis general.


Pero no seremos felices yendo de excursión a Marte, comprando un coche deslumbrante o comida más exótica: seguiremos sin estar satisfechos. Da igual lo que tengamos.


Y es que el consumo sin límite no nos trae la felicidad. A ella llegamos, más bien, cuando dejamos de enfocarnos solamente en nosotros mismos. Con esta pandemia, estamos abriendo los ojos, y los deseos que antes nos impulsaban a actuar van perdiendo su encanto.

El consumo sin límite no nos trae la felicidad. A ella llegamos, más bien, cuando dejamos de enfocarnos solamente en nosotros mismos

Parece que somos más conscientes de que nuestros antiguos anhelos no nos darán la felicidad. Y si el camino hacia la felicidad no pasa por ellos, ¿para qué molestarnos en conseguirlos?


Sin embargo, para sentirnos vivos tenemos que encontrar satisfacción. Y si no encontramos una aspiración que sustituya al deseo de triunfar, de conseguir poder o renombre, podemos caer en la desesperación.


Y para evitar caer en ella, algunos prueban deportes extremos, hábitos alimenticios excesivos o excéntricas prácticas sexuales. Pero todo lo que solía funcionar como vía de escape ante la falta de propósito en la vida, ahora dejó de funcionar.


Cuando nos demos cuenta de que las promesas en la publicidad y los medios no son más que un espejismo, esa alegría potencial ya no podrá deslumbrarnos. Entonces, ¿qué podría hacernos felices? ¿Qué hará que la vida parezca valiosa?


Cuando nos planteemos esas preguntas, será un momento crucial. Será entonces el instante en que toquemos fondo. Y a partir de ahí, tal vez podamos darnos cuenta de que existe un mundo que ha estado esperando a que miremos fuera de nosotros y de nuestros propios intereses.

Piensa en cuando fuiste solidario con alguien: ¿Cómo te sentiste?

La vida, entonces, podría adquirir un nuevo significado. La oportunidad de sentir a los demás, de conectar, compartir, cuidar y preocuparse por ellos.


Cuando logramos nuestras metas personales, por lo general, dejamos de sentirnos satisfechos poco después de alcanzarlas. Contrariamente a ese patrón, cuando sentimos a los demás y nos preocupamos por sus necesidades, vemos que es algo gratificante. Piensa en cuando fuiste solidario con alguien: ¿Cómo te sentiste?


Cuando das, creces, te conviertes en algo más grande que tú mismo: te conectas positivamente con la persona a la que das y algo de ella se convierte en ti. La vida es conexión. Y si tú también tienes empatía con todo lo que te rodea, aunque no seas consciente de ello, lo que te rodea te dará energía. Por eso, los que dan nunca están desesperanzados.


Y siempre salen adelante, porque se dan la oportunidad de sentir a los demás.


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