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El hombre que susurraba a los elefantes


Cuando Lawrence Anthony, aclamado protector del medio ambiente, que llegó a ser conocido como «El susurrador de elefantes», falleció en 2012, ocurrió algo sorprendente: Después de estar mucho tiempo en la naturaleza, los elefantes que Anthony había salvado años antes, marcharon 12 horas hacia su casa para llorar su fallecimiento. Según BBC One, «los elefantes estuvieron dos días allí, en silencio». Y lo más sorprendente es que, exactamente un año después de su muerte, la manada volvió a su casa. Es algo que la ciencia no puede explicar.


Vivimos en un mundo que está conectado en formas que aún no entendemos. Además, solemos estar tan centrados en nosotros mismos y nuestro entorno más cercano que no nos damos cuenta de ello. Pero la realidad nos está obligando a mirar más allá y fijarnos en todo lo que está fuera.

Los seres humanos, sin embargo, hemos vivido ajenos a esa red de interconexiones y por eso actuamos como si estuviéramos solos en el mundo

Tal como demuestran los elefantes de Anthony, toda la naturaleza es un sistema que se rige según unos principios o leyes perfectas, en la que todo tiene una razón de ser. Los seres humanos, sin embargo, hemos vivido ajenos a esa red de interconexiones y por eso actuamos como si estuviéramos solos en el mundo.


No obstante, cada vez somos más conscientes de que dependemos unos de otros. Hoy, estamos aprendiendo que más allá de la conexión física, está la conexión virtual. Y en breve, nos tocará aprender que también estamos emocionalmente conectados, que compartimos, no solo acciones o datos, sino también pensamientos y deseos, o incluso una conexión aún más profunda, más trascendental, como la que logra que los elefantes sientan la pérdida de su salvador y que se conecten para volver a honrarle justo un año después.


Si nos pudiéramos sentir unos a otros como componentes de este sistema integral, podríamos trabajar en armonía para beneficio de todos. ¿Por qué se nos niega un conocimiento tan vital que toda la naturaleza, excepto nosotros, parece poseer?


La naturaleza actúa por instinto. Los humanos, sin embargo, debemos aprender todo desde cero, por medio de nuestro propio esfuerzo. Y hay una buena razón para ello: cuando aprendemos por medio de nuestro propio esfuerzo, podemos comprender con más profundidad el mundo y la realidad.

La naturaleza actúa por instinto. Los humanos, sin embargo, debemos aprender todo desde cero, por medio de nuestro propio esfuerzo

El sentido de interconexión entre los animales se da de forma natural. El ser humano, sin embargo, debe desarrollarlo. Al hacerlo, sentiremos como todo está relacionado. En otras palabras, nuestro desconocimiento nos da la oportunidad de alcanzar una percepción más profunda de la vida y entender su propósito.


Hay dos formas de alcanzar esa unidad con todo el sistema. Una es dejar que los desastres nos sigan empujando y que nuestra naturaleza egoísta siga enfrentándonos hasta llegar a la destrucción. La otra forma es aprender el modus operandi de la naturaleza, donde todo funciona en conexión y armonía, y empezar a relacionarnos entre seres humanos de ese mismo modo. A medida que practiquemos nos volveremos más benévolos, desarrollando sentimientos más profundos hacia la gente y el mundo que nos rodea.


Realmente, la práctica trae la perfección. Podemos comenzar en pequeños grupos, en los que practicar la interconexión y la preocupación por los demás. A medida que desarrollemos estas habilidades, empezaremos a sentir a los demás a niveles cada vez más profundos.


Si así lo hacemos, descubriremos qué es lo que permite a los elefantes saber cómo se sienten los demás, ya que también nosotros nos volveremos más sensibles y conscientes de todo lo que nos rodea. Comprenderemos la «lógica» que hay detrás de esta realidad tan compleja en la que vivimos que, a la vez, está tan inexorablemente conectada.



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